miércoles, 7 de septiembre de 2011

No llevemos animales


Cuando Corte Constitucional habla, los demás simplemente debemos callar. Eso es así, porque sencillamente los Magistrados de CC son los hombres techados de virtudes. Mal llamados los únicos Colombianos que no son ni serán objeto de la profecía de Guido Nule: “la corrupción en Colombia, como en cualquier país del mundo, es inherente a la naturaleza humana”, los Incorruptibles. Dignos de admiración porque en su manos está sin precedencia alguna, la mayoría de los más drásticas e importantes decisiones del país. Solo algunas, no me malinterpreten.
Pero como cualquier Colombiano del común y reconozco que somos cada día más los ciudadanos de este hermoso país los que pertenecemos a lo común, y no somos parte de la crema y mucho menos de la nata selecta de este pedazo de tierra, llámese clase media alta o alta; entonces mi mente sufre una erección en contra de las sentencias tan autoritarias fundamentadas en el derecho a la igualdad. Me pregunto yo, ¿Cuál igualdad?, responda usted.

Recientemente se dictaminó por parte de la Corte el que se permita el transporte de animales en sistemas de transporte masivo. En mi tibia opinión, es un Scratch  en la utilidad de este sistema en donde convergen diariamente miles de personas en las ciudades donde se ha implementado. Habrá como es común en nuestra republica, cualquier cantidad de personas que expongan y defiendan su ideas –la mayoría equivocadas y plagadas de la subjetividad en la intención de darle un paseo a sus mascotas–, del por qué se debe permitir que sus amados animales sean también y ¿Por qué no?, usuarias del sistema de transporte; que entre otras cosas, fue y se diseño para personas (léase parafraseando… p  e  r  s o n a s), no, en ningún momento, fue tenido en cuenta para el diseño de los espacios interiores de los Buses alimentadores, Busetones y Buses articulados –para el caso de Barranquilla– la intención de ser un transporte donde se lleven animales. Como tampoco que en algún momento la divinidad de la inteligencia de la Corte se diera por igualdad de derecho a quienes tiene mascotas hacernos participes del amor hacia sus animales.

Particularmente conozco muchas personas que tienen un cierto recelo a los animales, y entre los cuales me incluyo. Pues no comparto tal dictamen. Como tampoco veo, ni medianamente distante que en Colombia se adopte una posición de Responsabilidad por Solidaridad, por los posibles daños y/o acciones de una mascota, como si es visto en algunos países, obviamente diferentes al nuestro. Es decir en palabras más crudas, que quien tenga una mascota es responsable por solidaridad de las acciones de su animal. No frunza el ceño. Es cierto, solo hasta ahora, en el mundo no se había visto que una persona adiestre a su perro para que sea una versión canina de Roco Siffredi y violase a un niño, bajo la mirada de quienes también promulgaron el fallo que le permitía a estos dulces animales ocupar el espacio que por lo menos 3 personas podrían ocupar, partiendo del hecho, ¡Claro esta!, que se transporte en las Cajas –Guacales– adecuadas y no como ya optaron en la Puerta de Oro de Colombia –no me digas que no sabes que a Barranquilla le dicen así–.

Si bien lo que se busca es tener y crear leyes que le permitan a la “mayoría”, de ciudadanos estar cobijados por los derechos que da nuestra constitución, tal idea iría básicamente también en contra de aquellos “que no nos gustan los animales”. Lejos de la intención inicial, dicho fallo atenta directamente por quienes no encuentran placentero estar en un lugar cerrado como es un vagón de un bus articulado, respirando el mismo aire, con más de 100 personas –no es necesario comentar que van como sardinas–, y que a tu lado este un animal, pena que sufrir una crisis asmática o alérgica según sea tu caso.

En Colombia las leyes son tan bien promulgadas que se ejecutan de la manera precisamente contraria, y al acomodo de cada quien. Ahora bien, partiendo del hecho que la exequibilidad de la frase “ni animales”, en la mencionada ley, proporciona a quien este en posesión de una mascota, el poder transportarla, en un sistema de transporte masivo, esta no especifica que animales si y que otros no. Aterrizando esto en un caso ideal, estaríamos a las puertas de sufrir los olores de las heces de los animales de cualquier ciudadano tenga la intención de transportarlo. Imagine usted señor(a) lector(a), ciudadano(a) del común que diariamente usa Transmetro –Transmilenio, para los capitalinos–, oler en su máxima expresión las heces deliciosas de un gato, o sus orines. No olvide que las Cajas –guacales– no son cerrados herméticamente ni mucho menos son tetrabrik, por lo que será inevitable que su nariz no sufra una bocetada con dichos hedores. Como tampoco debe dejar de imaginar que el inquieto miccionante felino por tener una particular forma de orinar este orine no caiga en su pantalón, quizás el dueño le dirá como excusa que su mascota se pone nerviosa cuando está en medio de tanta gente o que posiblemente esta aroma le traerá nuevas conquistas por tener unas feromonas que el hombre no tiene. Créame nadie se levanta y se monta en el transporte preparado para que se lo orinen. Cuando esto le pase, recuerde haber leído este artículo. Senténcieme a la silla eléctrica si lo que digo es mentira y de los animales de este planeta el gato es quien posee una de las heces más detestables. Podrán alegar lo que a bien encuentren pero no creo que esto se remedie esto con un simple pañal, no nos digamos mentiras, ni nos justifiquemos. Hay que ser consciente que el bien común prima sobre el particular y son más los ciudadanos que no llevamos un gato en el transporte que los que sí.

Si las cosas tal como vemos siguen así, no se le haga raro, que cualquier día se pose al lado suyo un emo con un Zorrillo como mascota – ¡paren o me tiro de esta mierda! –

¡no joda!

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