jueves, 29 de septiembre de 2011

De novias intensas y otros demonios (Contrato para novias intensas)


Los seres humanos tenemos una infinidad de facetas muchas de las cuales ni nosotros mismo entendemos, otra quizás, también desconocemos, sin que ellos nos altere. Pero me  hacen pensar particularmente en el proceso incipiente que viene después de un simple –hola–  a cualquier persona que nos pareciere simplemente atractiva. En el caso especifico de los hombres, comúnmente, hacemos un análisis sistemático de las cosas que le gustan a la potencial pareja:
1.       ¿Qué te gusta hacer?
2.       ¿Qué comida te gusta?
3.       ¿Qué tipo de películas te gusta, ehh te gusta el cine?
4.       ¿Qué haces en tus tiempos libre?
5.       Etc… también cuenta.

Pasadas estas preguntas de cultura general, nosotros ya tenemos una radiografía parcial del 
–como es–, quien pretendemos. Ellas por lo general en esas preguntas, pueden llegar a inventar cualquier cantidad de finos gustos, que asaltarían en la inocencia a quien bien interesado esta. Habría que ser un sagaz hombre para identificar ciertos tips que nos alejarían de quien muestra lo que simplemente nosotros queremos ver, técnica locuaz, pero tan cierta que deja un mal sabor, saber y entender, que nos pagan con la misma moneda.

Llegando al lado interesante, en mis cortos 30 años de vida, aun no he podido conocer a la primera mujer que advierta de su real condición de humana proclive a equivocarse y que describa con sinceridad cual prisionero con pentotal sódico, uno a uno sus defecto y precise con honestidad brutal aquellas cosas que luego que pasan decimos –yo no sabía que tú eras así–.

Que vida llena de mentiras y antifaces vemos a diario y vivimos en nuestras relaciones, que en el caso que conozco de primera manos –las mujeres–, todas en los primeros 10 días de cada relación se portan como las novia que siempre has deseado conocer y en los últimos días antes de la ruptura, se comportan como aquella mujer que ni en pintura quisieras tener. Es quizás porque en sus inicios los noviazgos se basan en lo que llamo el “juego de los antifaces”, y solo nos dedicamos a mostrar solo y dejar ver, únicamente, lo que a esa persona le interesa ver de mí y no realmente lo que tengo para mostrar. Posiblemente porque nos interesa, en primera instancia, permanecer con esa persona –no importa el por qué, así sea por sexo– y no mostrarnos tal cual como somos, escuetos de cara a quien quizás nos podría amar. Es entonces, cuando pasan los días, que conocemos que existen personas tales que te podría hacer unas 10 llamadas al día a tu celular, colocar unos 13 trinos en Twitter, etiquetarte en Facebook en cuanta foto estúpida –Escribe una frase que me describa mejor–, ¿Intensa?, sin mencionar que luego del primer beso, te sugiera sutilmente –amor, porque no nos ponemos en una relación en Face, mis amigas todas tienen a sus novios–, no me culpe si le recuerdo parte de aquella funesta historia, pero siento la necesidad de advertirlo. No olvide, en cualquier parte que estén, no faltará la foto para el recuerdo y la respectiva etiqueta en Facebook, prueba fiel que usted ahora tiene una dueña que a todo el mundo le hace y quiere hacer saber que usted le pertenece. Como quien dice: – ¡pailas!–. Adiós vida social, adiós chat con las amiguitas –nada que ver, usted ya tiene novia– le dirán, y vivirá en una continua presión social porque si agrega a cualquier mujer al Facebook o si lo sigue una mujer en Twitter debe tener el debido cuento –carreta o explicación– que avale el acto que alguna nueva mujer potencialmente entre a su vida, distinta a ella y al sequito de mujeres que para ella son de fiar–son pocas no se emocione–. En ese mismo estricto orden de ideas, es cuando entiendo que se deben brindar las herramientas necesarias para que las personas, nosotros los hombre de bien, podamos librarnos de relaciones tal como las que resumidamente acabo de describir.¡Lo olvidaba!, –¿nene, tú me darías la clave de Facebook, msn o twitter a las tres?–
Contrato Pre-Noviazgo. Acaba usted de leer eso, contrato Pre-Noviazgo. Lo mismo que el Pre-Matrimonial pero ajustado a la realidad volátil de una relación de novios, pese a que pueda pensar que no es necesario seria un arma inteligente si se logra usar con astucia. Imagine, que una de sus capitulaciones diga , –no se deben solicitar formalizar en ninguna red social, un vinculo tal como la relación de la cual es objeto este contrato–, echamos por tierra la obligación tacita de decirle al mundo que tenemos una relación con X persona, tonta practica, como si tener eso le impidiera a las “lobas” y “zorros” acercase a usted o a ella respectivamente; si es tan fácil de encontrar mujeres que están dispuestas a salir con usted pese a que tenga además de novia oficial, cualquier cantidad de aventuras clandestinas.

Igual para ellas, es más fácil encontrar un hombre que acceda a ser amante de una mujer que una mujer sienta que puede ser la amante de un hombre casado y no tenga  mínimo remordimiento o sienta que se está desprestigiando. –me merezco ser la única y no la sucursal, no soy plato de segunda mesa–, como si no fueran digeridas ya en distintas camas, entonces pues, ¿somos los hombres. Hombres de segundas camas?. Piense, ellas se jactan de la más pura conducta moral. Usted defiéndase.

Finalmente, al tener aquel blindaje, se contaría con un freno tal que limitará el actuar de cualquier novia que pretenda ser digna de ser llamada “intensa”. Ofrezca un contrato Pre-Noviazgo y verán que todas se podrían negar a firmarlo sin aflicción.

No se deje, ¡que firme!


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