martes, 23 de agosto de 2011

A la memoria de un ser querido (Eva de Gómez).

Caminé dos cuadras, solo dos cuadras de donde preferí bajarme. Bien el taxi pudo dejarme justamente en la puerta; pero preferí caminar. Mis pasos eran sin ganas, como quien pide que el destino se aleje y con él, el enfrentar la realidad. Serian no más de las 11:00 Am y en Barranquilla el sol dejaba caer con fuerza sus casi 38° de pura realidad. Miraba a todos lados con la esperanza de que cualquier conocido me llamara y retrasara mi encuentro con lo que tanto años temí.

Hace más de 25 años llegué a una ciudad en donde la única que persona que conocía era quien hoy yo, temía por su partida. Llegué quizás en aquella época con la esperanza de ser una mejor persona, pero pena de equivocarme siento me quedé corto en mi ansias de vida. Sencillamente he querido ser más.

Alcé la mirada y en la entrada de la clínica Julio Enrique Medrano León, se veía un portero con cara de que no puedo pasar. Sin mediar palabra entré. Qué tristeza mas grande, creí toda la vida estar preparado para un momento como este, pero entendí que nunca lo preparado sale como queremos, quise gritar, pero me mordí la lengua y callé. Lo he escuchado perfectamente, y lo repetía en mi mente con la esperanza que alguien me dijera que estoy equivocado, “ella acaba de morir”, quería en ese momento estar solo, yo soy de los que defendía la idea “que en este mundo estamos de prestao“, pero en la propia vida no es tan fácil entenderlo, como cuando lo decimos para los demás.

Repasé en tan corto tiempo todos y cada uno de los días de su vida que me dedicó, sus días y sus noches, no tenía entendido que 25 años quizás pasen en tan poco tiempo y que quepan en un solo pedazo de la historia de mi vida que creí haber olvidado en cualquier noche de tragos. Dos semanas atrás, jamás pudo prever que sería quizás la última vez que vería sus ojos y mucho menos pode extrañar el regaño habitual de las mañanas cuando salía de mi casa sin persignarme “Veee, Jhon persignarme ¿es que tu eres ateo?”, me decía con su acento de Matrona Guajira Wayuu y su voz de locutor de emisora costeña, creo que ella jamás pudo entender que mi ateísmo era menos grande mi amor por ella. Murió con la idea perniciosa de verme casado y con hijos porque ella creía que eran el juicio y el fundamente de todo hombre sensato. Nunca hice honor a ser protagonista del llamado de mis hijos a ella su abuela, y los 83 años de edad, producto de 66 años de fumar ininterrumpidamente y los últimos 5 años, fumando a escondidas como el niño que roba los chocolates de la nevera; una aneurisma abdominal, una insuficiencia renal que apareció en su cuerpo en el momento menos indicado, una hipertensión que heredaré con maldiciente destino, yo o cualquiera de su linaje.

“Se nos fue la abuela”, con tono de dolor mal fingido la enfermera me dijo, mientras el médico me mira desde la puerta con inferencia. “su abuela se muere amigo, pronto, eso no hay nada que hacer”, me decía el “Doctor” o “Medico Cirujano”, como si tal tono de despotismo ayudase a mirar con menos dolor la realidad; la mía de dolor como familiar o la del como hombre de ciencia desprovisto de humanidad y que nunca en la universidad asistió a la clase en donde se aprende a dar malas noticias. En ese momento lo entendí, no debe ser fácil ser médico y andar revolcándose con las enfermeras en los cuartos de suministros, y que la esposa le sea infiel mientras el “salva vidas”; sencillamente no debe ser fácil. Los médicos que valientemente defienden la premisa que si está en una unidad de cuidados intensivos es porque el tiempo ha hecho mella en nuestros cuerpos y temprano nos ha de cobrar el precio de vivir como hemos querido. Si está en una Unidad de cuidados intensivos, se está más muerto que vivo, si morimos ellos hicieron “todo lo que pudieron” y si logras salir al menos ellos “te salvaron la vida”. Juzgue usted y por favor no me culpe, que yo también los entiendo a ellos. Ser medico en Colombia es tan difícil, que prima el costo de un examen con un valor alto, antes que la salud de un paciente. Un paciente que paga para que lo atiendan y no que le creen una inmunidad sistemática al Ibuprofeno, que es lo que estamos desarrollando la mayoría de los colombianos. Ya todo estamos vacunados contra las cosas que nos producen dolor, como si diariamente tomáramos píldoras de indiferencia.

Que negocio es la salud, particularmente sostengo que no nos sirve mucho a quienes no con frecuencia vamos al médico, si de antemano sabremos la receta que nos darán. Medicación Estándar la que tenemos, Ibuprofeno 1 X 8 horas, que cuestan $1.500 en la farmacia, y me ahorro el Copago que es mucho más caro que eso.

En la puerta de la clínica no sabía a quién mirar, inclusive las primeras letras de este articulo las recree en mi mente, el ¿cómo sería?, era mi pregunta, cuando decide hacerlo completamente, distintas fueron mis palabras. Los de la funeraria, intentaron acosarme, ofreciéndome planes mortuorios que ya se habían obtenido con anterioridad una de mis tías, para esta situación que tanto anhele fuera más esquiva. Persistentemente, me anunciaban que los imprevistos siempre pasan y que sería mejor contar con una segunda opción; como si para Eva de Gómez, mi abuela, no hubo una opción más que morir como parte del ciclo natural de la vida.

El carro fúnebre, lucio con una tardanza casi policiaca y hasta que no dejé ver, y descargar mi rabia por celular contra la funcionaria de la funeraria, no hizo su aparición en la puerta de la clínica, en la que entre otras cosas ya han perdido la vida dos de mis familiares, llevamos un partido que estamos perdido, ya a punto de una goleada.

Clínica Julio Enrique Medrano León 2 – Familia Gómez 0(Tío Jaime Gomez Ávila y mi abuela Eva de Gómez), es quizás inexplicable el porqué en el caso de mi tío, 5 personas operadas el mismo día de la misma afectación y solo 1 logró vivir, comentaba el Tío Gustavo Gómez, quizás pensaría que una simple extracción de la próstata no mataría a nadie pero si a “Tío Concho”, quien luchó como buen guajiro con el alma contra una septicemia contraída en la funesta clínica. Mi abuela “Eva” en cambio, por la rapidez de los hechos y lo traumático de las 4 operaciones anteriores practicadas en menos de 20 días, la diálisis y un cateterismo cardiaco, preferimos no efectuar los exámenes necrológicos y dejar por fin que la fuerte mujer por fin descansara.

Creo que la noticia fue de rápida propagación, que los celulares no dejaban de sonar, mientras intentaba consolar a las mujeres de mi familia, mi padre aunque con cara de fuerte constantemente miraba al cielo quizás buscando la resignación que todos necesitábamos, en especial el quien se había perdido los últimos 15 años de su compañía por razones que no comentaré. Su última voluntad había sido ser enterrada en Uribía en el departamento de La Guajira, bajo el sol que la vio la nacer y en la tierra donde quería descansar. Por lejos que estuviera el indígena pueblo, casi tan al norte de las de las fronteras que la separan de su hijo enterrado en Barranquilla(Tío William Gómez), no importarían dicha distancia como decía ella en el cielo el Trío Los Panchos, toca de gratis, allá con su hijo a diario se verán. Por mi tendencia ateísta se me hace difícil imaginarlos a ellos a Tío William Gómez, Mi Abuelo William Gómez (su esposo) y Tío Jaime Gómez (Su cuñado) en la puerta del cielo, todos reunidos diciéndole con alegría “Te estábamos esperando”.

Lo siento pero resisto a creerlo, pero me hace feliz la idea que ella ahora vive como yo siempre he querido vivir yo, libre.

Ya al filo de las 4:00 Pm, ya todos estábamos en la funeraria, y con timidez dejábamos escapar una risa recordando las ocurrencias de “Eva”, “Evita” como le llamábamos para sacarle la piedra a quien toda la vida siempre conocieron como “Yiya”, quien odiaba la intención de sus nietos de llamarla Abuela y que los obligó, entre esos a mí, a llamarla Mamá, como si necesitara ratificarnos a todos que ella fue simplemente más que eso.

El funcionario de la funeraria hace un llamado a los familiares para trasladar el Féretro desde un lugar a otro, en donde pueda ser mirado por los familiares, cuando de sobra sabíamos que no podíamos verla debido a la hinchazón que se llevó lo noble de rostro. Apresuradamente, el vehículo contratado para llevar el cuerpo hizo una aparición extrañamente rápido y quedé de frente con el frio cuerpo. Dentro de un carro en donde se llevaría a más de 80 Kms/Hora y lejos de mí a quien tanto amo. Ajustamos el cajón con algunos amarres, y se perdió en medio de la ciudad hacia su camino lejos de aquí.

Fui el único que no pudo viajar, por razones de trabajo, muy ajenas al dolor que sentía, solo en casa, me pregunte por mis dudas existenciales y el paradigma de la existencia de dios reflejó que mi rabia por los hechos no habrían de cambiar aun así si solo lloraba, y rompía mi promesa de no sufrir por algo que no estuvo en mi manos cambiar.

Pasé una noche, como la que se vive en las montañas de Colombia, con la zozobra de los combatientes a la espera de lo inesperado, y hasta sentí que cuando me levantara, me dijera ella con su ronca voz, “Vee vas tarde para el trabajo”, inocente son los sueños que perturban nuestra realidad. Pero tal frase no la escuché nunca, y solo pude dormir hasta las 6:00 Am, hasta las 10:00 Am cuando llamé y lo confirmé. “Ya la enterramos, ella está en su última morada”.

Que difícil es vivir que necesitamos de muchos para hacer una sola vida. La nuestra. Y yo necesité tanto de alguien como Eva, para entender que aun cuando no tengamos muchos títulos, especializaciones, MBA, y PhD, con solo decirte las palabras adecuadas nos tallaban la mente. “Te voy a hacer falta cuando me muera”, me decía riéndose, fumándose un cigarrillo, porque de algo había que morirse, pero lamentablemente ella acorto esa instancia. Dejó a 8 hijos, 14 nietos, 5 biznietos, y me dejó con una sentencia casi salomónica, “Vee Jhon primero me muero yo, antes que tu aprendas a tocar guitarra”. En efecto, ella murió y aun no puedo sacar mi primer acorde.

Lo siento si no fui quien esperaste que fuera, lo siento, apenas tengo 30 y la vida solo comienza después de los 40, lo siento, si todo lo de mi vida, ha sido un completo desorden tal como mi cuarto, como mi cama, como mis finanzas. Lo siento, pero lo único que le imprimía neguentropía a mi vida eras tú y ya no estás.

@JLenGoIg

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