viernes, 12 de agosto de 2011

30 años, ¿y aun no te casas?

Soy modelo 1980, una maquina operacional con unos 30 años de rezago, cero remanufacturas, porque de ser así en algo hubiera mermado mi valor. Cada una de mis partes está en perfecto estado —Prácticamente estoy como nuevo—. La gran mayoría de mis amigos, por no mencionar que todos, gozan de sus bellas esposas, algunas llenas de celulitis que bien les otorgan un tono de sensualidad única que está muy lejos de las jovencitas de 20 a 25 años de edad, aquellos kilitos de mas que las hacen ver hermosas, comadronas de apartamentos, portentos de mujer dedicadas al hogar, expertas en las artificios de los celos inadvertidos y la sumisión mental. Son mujeres, son esposas, son ellos esposos; también víctimas de los planes de domingo, las visitas donde los suegros, operan como mulas arrieras cargando el sin numero de bolsos de los hijos, pañales, juguetes y hacen un esfuerzo logístico para poder acomodar cual planeador un Cross-Docking de cosas en el baúl del carro. –esperaaaaa! Se me olvido meter el maletín de samuelito-. ¡Que mas podría pedirle a la vida que vivir asi!, ser trabajador de clase media, con ingresos maldicientes cada 15 días, que me hagan recordar que aun cuando gane lo suficiente para mí solo, deberé compartirlo con quien a menudo pienso puede haber evitado. Mil quinientos pesos vale un preservativo, y se hubieran ahorrado una cuenta de gastos de nunca acabar, sin dejar de comentar que el bebé viene con esposa – ¡Y suegra! –

El caso es, que quienes ya están viviendo esta situación, nos miran a quienes le hemos hecho el quite a esto, como seres despreciables, insensatos, funestos, crápulas, mujeriegos, perros. Particularmente no caigo en ninguna de las anteriores clasificaciones, prefiero mejor auto-rotularme como un hombre inteligente, de aquellos que aun nuestro sueldo nos pertenece.

Qué condición más fastidiosa les dió el asumir responsabilidades que, pareciera que se facultara a quien erró en su vida para definir tu destino. Para poder criticar que aun no caigas en su error. “mírame a mí, ya estoy casado, tengo mis hijos hermosos…”, y ¡y vives jodido!, gracias, pero no quiero eso. Tampoco se debe malinterpretar esto como una condición inmarcesible de soltería, libertinaje; pero antes de vivir una vida de compromisos es fundamental haber podido disfrutar de la libertad de la soltería. En el buen sentido.

Particularmente, siento que antes que sumergirse en una relación tan duradera como el matrimonio es fundamental haberse encontrado en la cúspide de la vida personal, profesional, sexual y lo demás. Para no sentir reparos al mirar atrás y darse cuenta que hubo cosas que a fin de cuentas no vivió, no logró, no compró, no conoció o no sintió, por vivir sin madurez su vida en la edad en que pudo haber tomado mejores decisiones. Será tarde, muy tarde el día que sienta eso, de no ser completamente cuerdo y no vivir con mesura.

“Mis hijos son lo mejor que me pasado en mi vida, eso no lo cambio por nada”, loable, nadie lo podría negar, un bebé es sin duda una felicidad, pero aun así, es una acto de suma irresponsabilidad traer un ser humano a este mundo sin por lo menos poder garantizar que pueda tener una vida por lo menos, mejor, que la que sus padres han llevado. De lo contrario, no tendría ningún sentido ser padres. No tendría sentido gestar una vida, que por adelantado tiene asegurada una vida de austeridades. Critíqueme, pero así pienso. Soy cruel, lo sé. También la vida lo es. Y puedo asegurar, con efectividad locuaz que nadie estará dispuesto a corregir sus errores porque la labor de padres es tan complicada que una vez comenzada y es prácticamente interminable. En términos económicos, podría expresar que si no es capaz de solventar a su hijo entonces no lo engendre. ¿Para qué traer una vida al mundo si este no puede o no podrá ser por ejemplo medico o ingeniero, o lo que él quiera ser?, si usted como padre desconsiderado no pensó con años de anterioridad que con su vida, no podrá brindarle una vida apropiada a su pequeño error (hijo). Déjeme escribírselo, ¡como persona fracasó!

Es tan cruel expresarlo de ese modo, pero repito, la vida también lo es. Y nos cobra en extrañas formas, los errores, en ocasiones en ajenos cuerpos. “Papá, quiero estudiar medicina”, –no hijo mío, el semestre de medicina cuesta $6.432.000, eso es mucha plata, ¿por qué no estudias algo como auxiliar de archivos?, algo menos costoso–. ¿Le parece conocido este cuadro?, ¿cierto que si?, se llama realidad. Es la realidad que sin necesidad de vivir, veo a diario en la gente que pretender hacerme sentir como culpable por no ser residente de la vida claudicante en la que ellos viven. Enredados, casados, austeros, sin futuro, esperando que una oportunidad celestial les cambie drásticamente sus vidas, créanme rezar no funciona, dios no los ayudará; un milagro, ¡ganarse el baloto!, ¡No jodaaaa!, perdón de acorde de un bus en Barranquilla que es de lo mas comico.Aqui.

Lo siento, prefiero tomarme mi tiempo para ser bueno, para darles una vida excelente a mis hijos, que puedan algún día decir, que su padre les dio algo más que el apellido y no los metió en una vida de cajón sin salidas. Critíquenme, lo acepto.

Es tan molesto como inoportuno que nos pregunten ¿Cuándo te casas?, ¿cuándo vas a tener un hijo?, como si tener un hijo fuer la obra máxima de la naturaleza, como si necesitaran comprobar mi nuestra capacidad para engendrar, como si les pesase que somos libre de destino y no vivimos una vida sin premuras, y con el compromiso a cuesta que nos obligara a compararnos con quienes aun son solteros. Mi padre me pregunta, ¿me moriré sin conocer un nieto?, quizás. El a mi edad ya me tenía a mí.

En conclusión, lo que intento expresar es que la decisión del matrimonio o pareja formal es nuestra; es de usted quien me lee, y tiene 30 años o más y aun no se casa, vive soltero o soltera. Es nuestra; porque finalmente nuestra historia se vive en primera persona, y todo en cuanto nos equivoquemos se nos será cobrado, seremos sencillamente victimas de nuestros errores y gloriosos de nuestros aciertos. Qué bueno y altruista seria que quienes no tuvieran como mantener a sus hijos sencillamente no los engendraran, apuntaríamos a una sociedad más justa, con más oportunidades, menos pobres, más o mejores cosas. Traer un hijo al mundo no debe ser considerado prueba varonil o en su defecto en las mujeres, fertilidad o competencia procreativa. Luego, entiendan que si ya usted la embarró, no critique a quien aun no la embarra, antes guarde un silencio inteligente antes que alguien le recuerde lo senil que fue al no tomar las decisiones correctas y permita vivir, qué fácil es hacerlo, cuando no tenemos quien crea que puede escogernos un destino.

Finalmente, usted que piensa meter la pata, piense, si va arruinar su vida, dese cuenta que un hombre precavido vale por tres (usted, su esposa y su hijo), ¡si tiene suerte y no son gemelos!

Nota: no olvide a la suegra.

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