viernes, 29 de julio de 2011

Adopción para parejas homosexuales.

Tabú, rotulo en negrilla con mayúsculas y con letras grandes. Es a mi parecer lo que viene luego de que quizás en Colombia, algún día se apruebe el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Prudente o no, el mundo está aceptando cada día más a las personas que sienten atracción por los de su mismo sexo, sin que se nos suba los colores al rostro al ver que un hombre le de un beso a otro en la boca en clara muestra de amor. En algunas zonas del país esto sería claramente repudiable, obsceno, otras en cambio ya a regañadientes comienzan a ver esto como una tendencia incipiente que en algún momento deberá reclamar su lugar dentro de la sociedad y ser reconocida como participativa y votante. Luego de algunos debates, en Colombia se le dijo no a esta posibilidad, y aquellos que tiene la intención de consolidar su relación homosexual frente a los notarios y gozar de los privilegios que da la constitución en plena unión matrimonial deberán espera por lo menos unos años más.

Más allá, de aquella negativa, emerge la posibilidad que parejas homosexuales puedan acceder a la adopción de niños. Según los entendidos, se debería a toda costa evitar que dichas uniones homosexuales sean elegibles para este derecho. Bajo cualquier supuesto. Pero solo emito el de la sensatez. Nadie podría garantizar que un niño que creció en un hogar homosexual no crezca con ese tipo de inclinaciones sexuales o lo que es peor, nadie podría asegurar que niño que creció en un hogar homosexual y que luego desarrollo esta inclinación sexual, de haber crecido en un hogar Heterosexual no habría sido homosexual. Quizás un estribillo complicado de aceptar cuando sería fácil alegar que muchos homosexuales han crecido en hogares heterosexuales. Pero con toda esta interesante contradicción aun no podríamos precisar que posibilidades hubiera tenido un homosexual de ser heterosexual de no haber crecido en un hogar gay. Por tal hecho y hasta que no se demuestre lo contrario, la posibilidad de adopción para hogares gay debería ser negada, hasta que por lo menos no se compruebe que influencias pueda tener el ambiente en el desarrollo del niño.

En otros aspectos relevantes el medio condiciona al ser, en su conducta de vida, sus gustos, la música que le gusta escuchar, hasta el tipo de mujeres de su preferencia, ¿por qué no habría de condicionar su inclinación sexual? En el momento que tengamos una respuesta precisa a interrogantes como este, no podremos pensar en la posibilidad de otorgar adopciones a parejas del mismo sexo, pero por el momento es impredecible la garantía de las condiciones para que el ser se desarrollo normalmente, partiendo del hecho que en el hoy, ser normal es ser heterosexual.

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