viernes, 22 de mayo de 2009

Aparte del Libro La Corona de las mentiras Por Jhon Gomez

Recuento de la vida de Johanes Lernier a Daniela

Los días pasaron volando y mis rutinas de entrenamientos seguían de la misma forma pero ahora menos intensas, mientras que los fines de semana limpiaba el arma que Nicovac me había regalado. Ese año termino, llego el otro y sin darme cuenta, ya había cumplido tres años en Alemania, en el ultimo año, uno de los amigos de Don Dimitri, Don Arnold, me indujo a algo que talvez fue el incidente que causo que yo la conociera a usted Daniela. No podía creerlo cuando, una noche le dijo a Don Dimitri que debían llevarme a donde alguna mujer porque ya era tiempo. Así fue, se reunieron todos los amigos y me llevaron a un prostibulo a las afueras de la ciudad, llegamos todos en varios carros, todo ese mundillo era nuevo para mi, tanto así como cuando conocí la nieve. De inmediato todas las miradas se volvieron, hacia nosotros pero en medio de tanta gente me di cuenta que la atracción era yo. Parecía que aquellas mujeres estaban hambrientas de juventud, cuando me vieron, todas nos rodearon y Don Arnold, hablo con todas ellas, le confeso que era virgen y hoy necesitan alguien me enseñara a ser hombre. En ese lugar había 27 mujeres, lo se porque las conté, yo siempre llevo cuenta de todo. A todas las conocí, hable con ellas en esa noche, pero una en especial no se me acerco, era esa la mas bella, una rubia de ojos azules, delgada, mas alta que yo, era una sueca, que se hacia llamar Martina, a la que le comente que era virgen y que estaba allí para dejar de serlo, y que yo quería que fuera con ella. Esa mujer actuaba como si yo no existiera, no me prestaba atención, porque pensaba que no tenía como pagarle. Le dije a Don Arnold, era ella quien me gustaba, él se le acerco y le dio un montón de billetes, y le dijo que le entregaba un niño, y que deseaba recibir todo un hombre. Aun me da risa cuando recuerdo lo que paso, efectivamente, entre con ella a la habitación, ella comenzó a contar el dinero, y me pidió que me desnudara. Una vez desnudo me enseño como masturbarme, luego me dio dos cachetadas y me amenazo con un cuchillo diciéndome que si le contaba a Don Arnold, lo que paso, me mataría. También me dijo que si quería estar con ella, no debía ser virgen, que cuando yo mismo me quitara la virginidad masturbándome volviera, entonces, solo entonces ella me enseñaría a ser un hombre en la cama. Me quede como una estatua de sal. Cuando salí, con ella de la habitación, me llevo a la mesa donde estaba el conjunto de veteranos amigos de Don Dmitri, y me sentó en la mesa, me sirvió un trago e hizo que yo lo bebiera. Luego grito a todos que yo ya era un hombre, me dio un beso en la boca que nunca pude olvidar, me acarició los genitales y se fue. Toda la noche esos amigos de Don Dimitri y Don Arnold, brindaron en mi nombre, una y otra vez. Mientras yo me sentía frustrado, robado y cacheteado. Esa noche acabo y regresamos al amanecer a la casa. Toda la semana recibí, obsequios de los amigos de Don Dimitri, desde dinero hasta un carro, que me regalo, Vladimir Safin. Pero en medio de tantas cosas que recibí, lo que más me gusto fue la visita de Martina. Me quede paralizado, al verla, pense que venia a matarme, y de inmediato le cerré la puerta y le grite desde adentro, que no me mataría que yo no había dicho nada, corrí hasta mi cuarto y busque el revolver que me regalo Don Arnold, y a tiros la hice irse de mi casa. Don Dimitri no entendía lo que pasaba, pero no me dijo nada, solo me dijo que las mujeres en ocasiones hay que demostrarle locura, así ellas nos ven más encantadores mientras fumaba algo que dejaba un olor tan raro en la casa. Don Dimitri fumaba marihuana. Unas horas más tarde ella me llamo y me dijo que no quería matarme, que lo único que quería era hablar conmigo, que le había parecido un muchacho bueno y que quería conocerme mas. Sin pensarlo fui hasta donde ella vivía, esa tarde, después de muchas palabras preliminares ella me contó su vida y yo de la mía. Nos besamos y ese día por fin me convertí en un hombre. Ese último año transcurrió de esa forma en medio de mi colegio que casi terminaba, las rutinas de ejercicios con los amigos de Don Dimitri y por las tardes en el apartamento de Martina. Ella era una mujer golpeada por la vida pero en medio de toda esa nube de obstáculos pudo sobreponerse y ser una persona buena. De ella aprendí mucho, a como tratar a las mujeres, la diplomacia para pedir las cosas, a como hablarles a las mujeres, me enseño lo que mas le agradezco, a manipular a las personas y lograr de ellas lo que quiero, aprendí en esas largar tarde de besos y sexo, que las mujeres siempre cuando hablan a un hombre están diciendo de manera implícita lo que ellas buscan, aprendí que las mujeres hay que decirles lo que ellas quieren escuchar y para eso se debía tener un buen sentido de la escucha y extraer de todo lo que ellas hablen lo que ellas buscan en un hombre. Algo que en verdad pasa. Aprendí que las caricias enamoran, que los besos que se dan con amor son más ricos, que el sexo no es nada sin amor, y que para eso debía aprender a como hacerles creer a las mujeres que las amaba, necesitaba hacer que las mujeres sintieran que me necesitaban, era eso lo que ella todos los días me decía. No recuerdo cuantas veces, tuve sexo con ella, si todos los días iba a su apartamento. Pero sentía que la amaba. Siempre me dijo que lo peor y mejor del mundo se mezclaba con el amor, el sexo, las drogas, las prostitutas, el dinero, el poder, las mentiras, la sinceridad, las estrellas y el infierno, el sufrir y el olvido, la eternidad de un te quiero y lo doloroso de un ya no te quiero, lo confortante de un yo te amo y lo decepcionante de un yo no como respuesta, lo bello de un te amo y lo atónito de un silencio cuando esperas un yo también. Cosas como esas aprendí de ella, me enseño que las palabras que se dicen cuando se tiene sexo, se recuerdan mas que aquellas que se dicen en medio de una sena romántica, que es mas practico regalar momentos felices a una persona que regalarle un collar, los momentos quedan en la mente y nunca por mas que uno quiera no se podrán borrar, aprendí que las personas nunca olvidan, decir que uno logra olvidar es una gran mentira, las personas aprenden a convivir en su corazones con las penas, eso es lo que uno llama olvidar, vivir en una estrecha comunión con los problemas del alma y no herirse al recordar, eso, eso es olvidar. Aprendí que el amor no es duradero, pero mientras vive en nuestros corazones siempre hay un beso sincero que dar. Por mas liberal que sea una relación siempre existirá uno que ame mas y es ese quien lleva la peor parte cuando se acaba el idilio. Martina siempre me dijo que la quisiera y que la recordara, pero que nunca la amara, porque no se podía vivir atado aun sentimiento tan inconstante como el amor. Ella me enseñó a amar y también a olvidar, creo que fui la única persona que quien se le enseño amar también le enseño a olvidar. Cada vez que iba a su apartamento me decía cosas nuevas, me enseñaba caricias nuevas, formas de amar y como hablarle a una mujer, la ultima vez que vi a Martina, fue una tarde de Noviembre, fui a su apartamento como de costumbre, esa tarde me hablo, de las ausencias del amor, los desdenes, el olvido, del dolor y fue cuando comprendí que esa seria la ultima vez que la vería. Pase toda la noche con ella. En la mañana regrese a mi casa y no fui al colegio. Por la tarde regrese al apartamento de Martina a verla antes de irme al gimnasio pero sorpresa la mía, el apartamento estaba vacío y solo había una nota en donde me decía Martina que se había ido porque sentía que si no lo hacia, en ese momento, nunca mas podría separarse de mí. Que me amaba, que sentía que había hecho lo mejor para los dos, ella era una prostituta y que yo tenia un gran futuro y no seria ella quien lo dañaría. Me sentí en la nada, y por muchos días la busque sin encontrar rastros de ella. Contrate un detective pero nada se pudo saber de ella. Viví días realmente feos, sin saber nada de ella, pero logre sobreponerme cuando termine el colegio y mis padres me regalaron un viaje, y fue cuando decide volver a Colombia. Esa fue la historia de mi vida en Alemania.

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